«Me preguntas si estoy alegre. ¿Cómo no habría de estar alegre cuando la fe me da el coraje para ello? Sí,
estoy alegre, pues la tristeza debe ser desterrada de un alma católica. El dolor no es la tristeza, que es la peor de todas
las enfermedades, y casi siempre fruto del ateísmo. El fin para el cual fuimos creados, nos invita a caminar por una ruta
sembrada sin duda de muchas espinas, pero que no es triste; aún a través del dolor, esta ruta está iluminada por la alegría»
(Carta a su hermana · 1925)
Hermanos hace poco compartía con una madre quien perdió a su hija , al ser atropellada por un carro, una
visión que tuve en la iglesia cuando estaba orando por ella, vi un palacio , dentro del palacio se encontraba su hija,
fuera del palacio habia un camino derecho y bien corto para entrar al palacio , ese camino era un camino de espinas, este
camino fue por que su hija habia pasado para llegar al castillo, y ella ahora se encontraba en la presencia de Dios .
El frente del Palacio ,después de pasar por una gran puerta habia un jardin con muchas flores ,también era hermoso,
, en frente del pórtico , donde se encontraban otros niños jugando quienes aun no pueden entrar al palacio
, mientras terminan de purificarse. Para presentarse a la presencia del Rey! ...
Muchas veces nos queda difícil entender el por que? hay personas que pasan por este senda de espinas. Se
ve mas claro de la manera que lo describe Pier Giorgio. Por este camino solo pasan los privilegiados , que son
héroes de mucho valor, que se atreven a pasarlo sin impórtale las espinas , ellos encontraron la belleza
que se halla al final de la ruta del jardín de espinas!
Valientes guerreros que se enfrentan al dolor con dignidad y pureza de Espíritu!
"para que nuestra vida sea cristiana, tiene que haber un constante renunciamiento,
un continuo sacrificio. Pero esto no es difícil, si uno piensa qué son estos años pasados con dolor, comparados con la eterna
felicidad donde la alegrií no tendrá medida ni final, y donde tendremos una paz inimaginable". (Pier Giorgio en una
de sus cartas).
"Es a Jesús a quien buscan cuando sueñan la felicidad; es Él quien los espera cuando no los
satisface nada de lo que encuentran; es Él la belleza que tanto los atrae; es Él quien los provoca con esa sed de radicalidad
que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien los empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él
quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el
deseo de hacer de sus vidas algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejarse atrapar por la mediocridad,
la valentía de comprometerse con humildad y perseverancia para mejorarse a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más
humana y fraterna". Juan Pablo II
Juan Pablo II, 12 de abril 1984, Jubileo internacional de los deportistas (L´ Osservatore
Romano, 12/4/1984).
...Tenéis modelos donde inspiraros. Pienso, por ejemplo, en Pier Giorgio Frassati, que
fue un joven moderno, abierto a los valores del deporte –era un valiente alpinista y un avezado esquiador-, pero supo
dar, al mismo tiempo, un valiente testimonio de generosidad en la fe cristiana y en el ejercicio de la caridad para con el
prójimo, especialmente para con los más pobres y los que más sufrían. El Señor lo llamó a Sí cuando sólo tenía 24 años de
edad, en agosto de 1925; pero él sigue muy vivo entre vosotros con su sonrisa y su bondad, para invitar a sus coetáneos al
amor de Cristo y a la vida virtuosa. Después de la primera guerra mundial, él escribía así: “Con la caridad se siembra
en los hombres la paz, pero no la paz del mundo, sino la verdadera paz que sólo nos puede dar la fe de Cristo, hermanándonos”.
Os dejo como programa estas palabras suyas, juntamente con su amistad espiritual, a fin de que en todo lugar de la tierra
seáis también vosotros portadores de la verdadera paz de Cristo.
De sus escritos:
«Los días transcurridos en Alemania son para mí los más bellos de mi juventud y con
profundo dolor observo, sin poder hacer nada, la dura y difícil situación de tu país. También nosotros hemos perdido la cosa
más bonita y buena que Dios ha dado a todos los hombres, es decir, la libertad; sin ella la vida es insoportable [...]
Con la violencia se siembra el odio y se recogen después los frutos nefastos de dicha siembra, con la caridad se cultiva en
los hombres la paz, pero no la paz del mundo, la verdadera paz es solamente la que nos da la fe en Jesucristo que nos une
los unos a los otros» (Carta a un amigo · 1923).
«En la vida terrena, después del afecto a los padres y hermanos, uno de los afectos
más bellos es el de la amistad: y yo cada día debería agradecer a Dios porque me dio amigos tan buenos que son para mí
una guía preciosa para toda mi vida» (Carta a Marco Beltramo · 1924)
«¡Desdichado el que no tiene fe! Pues vivir sin la fe, sin ese patrimonio que
hay que defender, sin esa verdad que sostener con la lucha de todos los días,
eso no es vivir, sino malgastar la vida. A nosotros no se nos permite
simplemente subsistir, sino que nuestro deber es vivir. Así pues, ¡basta de
melancolías! ¡Arriba los corazones y adelante siempre por el triunfo de
Jesucristo en el mundo!».
A los diecisiete años se inscribió en el Politécnico Real de Turín y escogió la especialidad de Ingeniería
de Minas dedicando mucho tiempo al estudio. Quería casarse pronto y tener una familia numerosa. Había en él auténtica ilusión
profesional. Quería destacar, hacer rendir al máximo las propias capacidades personales, influir en la sociedad. Dice el teólogo
Karl Rahner, que lo conoció durante su estancia en Alemania: «Lo que en él más impresionaba era la pureza, su alegría irradiante,
su piedad, su libertad de hijo de Dios para admirar cuanto había de bello en el mundo, su sensibilidad social, la conciencia
de que debía compartir la vida y suerte de la Iglesia». Era deportista apasionado. Bueno para el fútbol. Pero sobre todo,
le gustaban las excursiones. Le escribía a un amigo, poco antes de morir: «Me siento cada día más apasionado por la montaña.
Me atrae su fascinación. Deseo siempre más vivamente escalar las cumbres, llegar a las más elevadas cimas...». Era socio del
«Club Alpino Italiano» y de la «Joven Montaña». Organizaba muchas de esas excursiones con sus amigos. Eran ocasiones de grato
descanso, de conversación interesante y sobre todo de apostolado y de oración. Se estaba muy bien a su lado porque era jovial
y movía fácilmente a los demás para contagiarles sus propios ideales. Un mes antes de su muerte, con 24 años de edad, Pier
Giorgio hizo con algunos amigos una excursión por el Valle di Lanzo, con algunos pasos difíciles que requerían escalada o
cuerda doble. Hay una fotografía, tomada en esa ocasión, en la que aparece agarrado a la roca y con la mirada puesta en la
cima. En esa fotografía escribió. «Verso l'alto» («Hacia las alturas»). Una frase breve que sintetiza su estilo de vida: buscar
siempre aquello que eleva, que lleva más allá de nosotros mismos, hacia la cima de la santidad. Era bromista, cantaba desafinado,
fumaba puros baratos y también, como todo hijo de vecino, se enamoró. La afortunada fue Laura Hidalgo, una joven compañera
de la sociedad fundada por él. Era una chica huérfana, de condición social sencilla, un poco mayor que él, con una gran fe
y un gran coraje para afrontar la vida. Pier Giorgio mantuvo el secreto de su amor en el corazón, ni siquiera se lo dijo a
ella, porque como veía que su familia se iba a oponer no quería crearle falsas expectativas. Muchos amigos giraban alrededor
de su vida. A algunos de ellos se les conocía —una versión tipo de «Los Poetas Muertos»— como «Los tipos de la
mala sombra». Escribía a uno de ellos: «después del afecto de los padres y hermanos, uno de los afectos más hermosos es el
de la amistad; y cada día debería dar gracias a Dios porque me ha dado tan buenos amigos y amigas....». Solía ir al teatro,
a la ópera y a los museos aunque compraba entradas baratas a fin de tener dinero que dar a los pobres. Por el mismo motivo,
viajaba en tercera clase en los trenes. Amaba la música y a veces citaba con soltura trozos de Dante.
No iba a la universidad para pasar el rato o sólo para estar con los amigos. Se gastaba los codos
estudiando y no a última hora, para salir del paso en los exámenes. Exprimía bien las horas de estudio, que no eran muchas.
Su fuerza venía de la oración y de la Eucaristía cotidiana. Desde su más tierna infancia sigue siendo fiel tanto a las oraciones
de la mañana y de la tarde como al Rosario. No le daba vergüenza ir desgranando las decenas en el tren, junto a la cabecera
de un enfermo, durante un paseo, en la ciudad o en la montaña. El 14 de mayo de 1922, Pier Giorgio se inscribió en el círculo
«Milites Mariae» de los Jóvenes de Acción Católica, en su parroquia de Turín. En estos grupos juveniles Pier Giorgio encontraba
el espejo de su modo de ser, un auténtico programa de vida, unido a sus compañeros por los mismos ideales, los mismos sueños,
el mismo compromiso. Era para él una forma de ayudarse mutuamente a ser fieles, a crecer.
En contra de las ideas políticas de su familia, Pier Giorgio llegó a ser miembro activo del Partido del
Pueblo, que promovió en esa época las originalísimas ideas sociales de León XIII. Era aguerrido, con facilidad de palabra,
hablaba con calor y convencimiento. Se las ingeniaba para visitar los barrios más pobres y frecuentaba los círculos de obreros
y estudiantes.
Alguna vez, por defender sus ideas, en un país donde el fascismo iba tomando cuerpo, tuvo que sufrir
la violencia de la policía anti-motines, enarbolando una bandera. En 1921, en el primer Congreso de la Paz Romana, celebrado
en Rávena, lanzó la idea de unir la Federación de los Universitarios Católicos con la de los obreros. Cuando se trataba de
defender la dignidad humana, Pier Giorgio se encontraba siempre en primera fila.
Reconoció desde el principio el verdadero rostro de las ideas políticas dominantes y se opuso a ellas,
como lo hizo también ante la violencia y vejaciones de los comunistas.
Una de sus virtudes más destacadas era el modo como, en sus circunstancias de estudiante, vivía la
caridad. Pero no sólo la de dar unas moneditas a un pobre de la calle, o del que regala el tiempo que le sobra.
Dedicaba mucho tiempo a la semana a sostener material y espiritualmente a los más necesitados y enfermos:
cuidaba a los huérfanos, enfermos y soldados que volvían de la Primera Guerra Mundial. Recibía a diario la Sagrada Comunión
y entendía la necesidad de agradecer ese don invaluable también con sus propias obras: «Jesús me visita cada mañana al comulgar;
yo le devuelvo la visita, visitando a los pobres». Pier Giorgio llegó a decir: «no basta la caridad, necesitamos una reforma
social». Y se empeñaba en ambas. Ayudaba a los pobres, usando el dinero que tenía para su propio transporte, lo que suponía
a veces ir caminando a casa. No se limitaba a dar cosas. Se entregaba él mismo, viviendo esa opción como un privilegio.
Algunas veces, por ejemplo, sacrificó sus vacaciones en la confortable casa de verano que tenía su familia
en Pollone para continuar algunas labores sociales que había emprendido en la ciudad y así explicaba el cambio de planes:
«Si todos se van de Turín, ¿quién se encargará de los pobres?». Un día antes de morir, con la mano paralizada, escribió un
recado para un amigo recordándole que había quedado pendiente conseguir unas inyecciones para un pobre enfermo, un hombre
converso, que él mismo atendía. Cuando Pier Giorgio murió, muchos de esos pobres que atendió por siete años, se sorprendieron
de que perteneciera a una familia tan rica. El Papa Juan Pablo II lo llamó «hombre de las Bienventuranzas» y lo ha presentado
en muchas ocasiones como modelo para la juventud. Dice de él: «Pier Giorgio Frassati nos muestra al vivo lo que realmente
significa, para un joven laico, dar una respuesta concreta al «Ven y sígueme». Basta echar una ojeada, aunque sea rápida,
sobre su vida, que se consumió en el arco de apenas 24 años, para entender cuál fue la respuesta que Pier Giorgio supo dar
a Jesucristo: fue la de un joven moderno, abierto a los problemas de la cultura, del deporte, a las cuestiones sociales, a
los auténticos valores de la vida; y al mismo tiempo, la de un hombre profundamente creyente, compenetrado con el mensaje
evangélico, solidísimo en su carácter, coherente, apasionado en el servicio a los hermanos y consumado en un ardor de caridad
que lo llevaba a acercarse, en orden de preferencia absoluta, a los pobres y a los enfermos».
Todo se precipitó con rapidez.
Fue cosa de semanas. Estaba ya por hacer su examen profesional para obtener el doctorado en Ingeniería, cuando contrajo una
poliomielitis fulminante. enfermedad que, según los médicos, se dio por contagio de los enfermos que atendía. Luego
de seis días de sufrimientos terribles, falleció el 4 de julio de 1925. Su ciudad natal —Turín— presenció el funeral
y miles de paisanos se arrodillaron en las calles ante su cadáver. En menos de un año ya se habían editado cinco ediciones
—una de ellas en inglés— de la vida de Pier Giorgio Frassati, italiano de 24 años, de cabellos negros y mirada
profunda. Sus restos mortales se veneran en la catedral de esa ciudad y ante su tumba oran muchos peregrinos, sobre todo estudiantes
jóvenes.
Fuente: delejuventudcordoba.es
El 20 de Mayo de 1990, en la Plaza de San Pedro, abarrotada por miles de fieles, el Papa Juan Pablo II beatificó
a Pier Giorgio Frassati, “el hombre de las ocho bienaventuranzas”.
Los que creen que los santos son gente tímida y solitaria, que desdeñan esta vida pensando sólo en la otra,
quedarán sorprendidos ante la figura del beato Pier Giorgio Frassati. Verdadero bromista, apodado “Robespierre”
y “Terror” por sus amigos, con quienes formó la asociación denominada “I tipi loschi”, Frassati fue
un amigo de los pobres, en quienes veía a Cristo. Aún hoy día, especialmente los jóvenes en busca de un modelo, encuentran
en él alguien con quien identificarse, habiendo conjugado la actividad política con el compromiso por la justicia social,
viviendo en plenitud su corta vida.
Pier Giorgio Frassati nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901. Su madre, Adelaide
Ametis era una pintora. Su padre, un agnóstico, fue fundador y director del diario liberal “La Stampa”. Hombre
influyente entre los políticos italianos, desempeñó también los cargos de Senador y Embajador en Alemania.
Pier Giorgio Frassati estudió en su hogar antes de cursar sus estudios primero en una escuela
estatal, junto con su hermana, un año menor que él y luego en una escuela regentada por jesuitas. Allí se asoció a la Congregación
Mariana y al Apostolado de la Oración, llegando a comulgar diariamente
Los vehementes sermones de Savonarola y los escritos de Santa Catalina de Siena le impulsaron a ingresar
en la Tercera Orden de Santo Domingo, en 1922. Quiso llamarse Jerónimo, no como el de la Biblia, sino como su héroe, el predicador
dominico y reformador del Renacimiento florentino, Jerónimo Savonarola: “Soy un ferviente admirador de ese fraile, que
murió como santo en la hoguera”, le escribió un día a un amigo
A los 17 años de edad, en 1918, ingresó en la Sociedad de San Vicente de Paul y dedicó la mayor parte de
su tiempo libre al servicio de los enfermos y necesitados, cuidando a los huérfanos y los soldados de la primera guerra mundial
que volvían a su casa. Decidió estudiar para ser ingeniero en minas en la Real Universidad Politécnica de Turín, para poder
“servir mejor a Cristo entre los mineros”, como dijo a un amigo. Sin embargo, sus estudios, que considera a su
primera tarea, no le alejaron de su actividad social y política. En 1919 se asoció a la Federación de Estudiantes Católicos
y a la Acción Católica. Oponiéndose a las ideas políticas de su padre llegó a ser miembro verdaderamente activo del Partido
Popular que promovió las enseñanzas de la Iglesia Católica basadas en los principios de la “Rerum Novarum”. También
concibió la idea de unir la Federación de Estudiantes Católicos a la Organización Católica de Trabajadores. “La caridad
no basta: necesitamos una reforma social”, solía decir trabajando para ambas
El Papa Juan Pablo II, después de haber visitado su tumba en Pollone, en 1989 dijo: "Quiero rendir
homenaje a un joven que supo ser testigo de Cristo con singular eficacia en este siglo nuestro. Yo también conocí, en mi juventud,
la benéfica influencia de su ejemplo, y cuando estudiaba quedé marcado por la fuerza de su testimonio cristiano"
Fuente: Jovenes universitarios dominicos word press
"llevar un soplo de bondad (a la sociedad), que sólo puede nacer de la fe en Cristo.
[…] como católicos
tenemos un amor que supera a cualquier otro y que después del debido a Dios es inmensamente bello, como bella es nuestra religión.
Amor que tuvo por abogado
al Apóstol, que lo predico diariamente en todas sus cartas a los fieles. La Caridad, sin la cual, dice el Apóstol San Pablo,
cualquier otra virtud pierde valor. Ella puede ser la guía y la dirección de toda una vida, todo un programa.
Ella con la gracia de
Dios puede ser la meta a la que tienda mi voluntad. Nosotros podemos estar afligidos en un primer momento, porque es un programa
bello pero duro, lleno de espinas y de pocas rosas. Pero confiados en la divina providencia y en su misericordia." (Carta
de g. Frassati a Isidoro Bonini - 6 de marzo de 1925).
Altar donde resposa su cuerpo incorrupto en la catedral de Turín
ORACIÓN PARA PEDIR SU CANONIZACIÓN
Y SU INTERCESIÓN
Oh, Padre, tú has dado al joven Pier Giorgio Frassati
la dicha de encontrar a Cristo
y de vivir con coherencia su fe al servicio de los pobres y enfermos;
por su intercesión haz que también nosotros subamos como él,
por los senderos de las bienaventuranzas evangélicas
y que imitemos su generosidad,
para difundir en la sociedad el espíritu del Evangelio.
Dígnate otorgar la canonización del Beato Pier Giorgio Frassati,
y concédeme por su por su intercesión el favor que te pido... (pídase)
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
(Cardenal Giovanni Saldarini, Arzobispo de Turín - Italia) Con Aprobación Eclesiástica.
Se ruega informar de las gracias obtenidas por intercesión
del Beato Pier Giorgio a:
Postulador de la Causa P.G. Frassati
C/Borgo S. Spirito, 5
00100 Roma
Italia
"Padre Celestial, Dame el valor de luchar por las metas más altas, de huir de toda tentación ,
de ser mediocre. Permíteme aspirar a la grandeza, como Pier Giorgio lo hizo, y abrir mi corazón con alegría a
Tu llamada a la santidad. Líbrame del miedo al fracaso. Yo quiero ser, Señor, firme y para siempre unidos a Ti. Concédeme
la gracia que te pido por intercesión de Pier Giorgio, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén ".
Pier Giorgio Frassati, Beato Laico,
Julio 4
Pier Giorgio Frassati, Beato
Laico “Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la
Verdad no es vivir, sino ir tirando...”
“Cada día comprendo mejor la gracia de ser católico. Vivir sin fe, sin un
patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la Verdad no es vivir, sino ir tirando... Incluso a través de cada desilusión
tenemos que recordar que somos los únicos que poseemos la verdad”.
Quizá sean pocos los que se atrevan a escribir hoy día, con grandes letras, el párrafo anterior. Escribirlo
no sólo con las palabras, sino, sobre todo, con la vida. Como lo hizo un joven decidido e intrépido que se llamaba Pier Giorgio
Frassati.
Pier Giorgio había nacido el 6 de abril de 1901 de una rica familia de Turín.
Su padre, Alfredo, era el fundador del periódico La Stampa, en el que se divulgaban ideas liberales, no ciertamente favorables
a la Iglesia. Alfredo llegó a ser embajador de Italia ante Alemania, lo cual permitió a la familia el vivir y establecer amistades
en el mundo alemán.
Pier Giorgio recibió en casa una educación correcta, pero sin una fe vivida. Al
iniciar la adolescencia sintió una fuerte necesidad de zambullirse en el Evangelio, de ser un cristiano al cien por ciento.
Por eso fue miembro de un gran número de asociaciones católicas: tenía un gran anhelo de conocer más su fe, de crecer en la
vida de oración, de vivir en un sincero compromiso por los demás, sea en la asistencia social, sea en el enseñar y dar testimonio
de sus convicciones cristianas.
Cuando llega a la Universidad, percibe un ambiente hostil contra todo lo que huela
a católico. Pier Giorgio no duda en promover actividades espirituales entre los universitarios. A veces a riesgo de más de
algún choque violento con grupos intolerantes (esos que presumían de “liberales”, de “libertadores comunistas”,
o de “patriotas” en las filas del fascismo).
En el panel de anuncios de la universidad de Turín pone un día, entre las muchas
hojas y folletos que hablan de fiestas y diversiones, un cartel para invitar a los estudiantes a la adoración nocturna. Los
“anticlericales” deciden intervenir para arrancar la “provocación” de Pier Giorgio. Al llegar, se
encuentran allí delante al joven, que defiende enérgicamente su derecho a expresar las propias convicciones. Al final el panel
queda completamente destruido, y el anuncio de Pier Giorgio acaba hecho pedazos...
Además del trabajo con los jóvenes universitarios, Pier Giorgio quiere dedicarse
a los más necesitados, a los pobres, a los enfermos. Encuentra también tiempo para acompañar a un sacerdote dominico que da
catequesis a los niños de un barrio obrero para defenderle ante los insultos y agresiones de algunos comunistas amenazadores,
y no pocas veces se llega a los golpes...
Cuando el fascismo llega a su apogeo, Pier Giorgio intuye el carácter anticatólico
(y antihumano) de la nueva ideología, y no duda en enfrentarse con los nuevos enemigos. Se irrita especialmente cuando ve
cómo algunos católicos muestran su simpatía hacia los fascistas. Su fama de enemigo del nuevo poder llega a ser conocida.
Hasta tal punto, que un domingo, cuando Pier Giorgio come en casa con su madre, un escuadrón de fascistas entra para destrozarlo
todo. Nuestro joven aparece en el vestíbulo de ingreso, arranca un bastón a uno de los agresores y, con el bastón en mano,
pone en fuga a los fascistas.
Es una vida apasionante: compromiso social, compromiso político, compromiso militante
en numerosas organizaciones católicas, especialmente en los grupos de universitarios católicos. Compromiso, como dijimos,
entre los más necesitados.
A muchos impresiona ver al hijo de los Frassati por las calles con un carro con
los bártulos de gente pobre que busca una casa, o mientras visita a los hijos de los obreros para darles catequesis. En su
familia lo tienen por loco. Casi siempre llega tarde, muchas veces sin dinero. No duda en prescindir del tranvía para dar
lo ahorrado a quien pueda necesitar una limosna.
Un día invita a uno de sus amigos a un mayor compromiso de caridad, a visitar
y atender a los pobres. El amigo le dice que tiene miedo, que no se atreve a entrar en casas miserables, donde todo es suciedad,
donde las enfermedades contagiosas dominan por doquier. Pier Giorgio le responde con sencillez y convicción: visitar a los
pobres es ¡visitar a Jesús!
Entre los pobres la providencia tenía prevista la llegada de la hora definitiva.
Un día de finales de junio de 1925, el peligro se hace realidad. Pier Giorgio contrae, después de una de sus visitas, una
poliomielitis fulminante.
Empieza a sentir fuertes dolores de cabeza y pierde el apetito. En su casa, sin
embargo, no le hacen mucho caso, pues apenas tiene 24 años y es un joven robusto. Además, la abuela se encuentra muy grave,
y todos están volcados sobre ella.
Pier Giorgio siente cómo el mal va avanzando, sin que se le atienda debidamente.
Sólo cuando ya se encuentra en una situación dramática, sus padres se dan cuenta y reaccionan. Demasiado tarde. Desesperados,
piden un suero especial al instituto Pasteur de París, pero ya no queda nada por hacer.
Con la humildad y el desapego con el cual había vivido se enfrentaba ahora, en
plena juventud, a la muerte. O, mejor, al encuentro con aquel Jesús que tanto había amado, por el cual había luchado en la
universidad y en la calle, entre los pobres o entre jóvenes de clase media poco activos en su fe.
Por eso no resultó extraño su último gesto. Pidió a su hermana Luciana que tomase
de su habitación una caja con inyecciones, y escribió encima de ella la dirección de la persona a la cual había que llevar
la medicina.
La muerte llega el 4 de julio de 1925. Los funerales se tienen dos días después.
Son una explosión de cariño y afecto hacia un joven que había vivido para los demás. Son también el momento en el cual los
padres de Pier Giorgio descubren realmente quién era su hijo, cuánta gente lo quería, lo mucho que había hecho, sencillamente,
sin aspavientos, en las largas horas que pasaba fuera de casa.
“Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por
la Verdad no es vivir, sino ir tirando...”. La vida de Pier Giorgio fue, realmente, vida. Porque amó su fe, y porque
su fe le llevó a amar y a servir a Jesús en sus hermanos.
Pier Giorgio Frassati fue declarado beato por Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990.
Sobre su personalidad, Benedicto XVI comentaba:
"Joven como vosotros, vivió con gran compromiso su formación cristiana y dio su
testimonio de fe, sencillo y eficaz. Fue un muchacho fascinado por la belleza del Evangelio de las Bienaventuranzas, que experimentó
toda la alegría de ser amigo de Cristo, de seguirle, de sentirse de manera viva parte de la Iglesia" (a los jóvenes, Turín
2 de mayo de 2010).
(Esta breve biografía se inspira en un trabajo de Antonio Sicari, Retratos de
santos, vol. 2, Editorial Encuentro, Madrid 1996). Fuente: Catholic.net